
En mi anterior artículo te compartí la paradoja que existe al prepararse de forma tradicional ante un discurso o hacerlo de forma espontánea, ya que en ambos casos se puede perder el verdadero control. Es por esto que utilizando un método de 4 pasos lograrás preparar tus pláticas evitando los ensayos tradicionales o la espontaneidad casual creando un lazo con tu audiencia basado en las llamadas: Intención.
La intención de lucir “abierto” ante tu audiencia
Posiblemente esta es la más importante, ya que si tú te muestras “cerrado” ante tu audiencia ellos verán que estás a la defensiva, algo así como si ellos representaran una amenaza para ti. Entonces definitivamente ante esta situación no hay posibilidad de comunicarte.
¿Cómo puedes convertirte en una persona más abierta? Una buena forma es dar tu presentación primero ante una persona conocida, como tu muy cercano amigo, pareja, o hijos. Nota lo que visualizas y sientes, este es el estado mental que necesitas para conectarte. A medida que hables, tu cuerpo comenzará a relajarse y la expresión de tu rostro lucirá más cómoda.
La intención de conectarte con tu audiencia
Una vez que comienzas a abrirte, liberarás a tu memoria como luces o te sientes y estarás listo para practicar tu guión otras vez y ahora sí, enfocado a tu audiencia.
Imagina que quieres captar la atención de un niño pequeño, seguramente lo que haces es de forma espontánea y natural, incrementas el volumen de tu voz o te le acercas. De la misma forma se hace con un adulto. Debes lograr mantener la atención, no permitas que las personas se desvíen en sus pensamientos en vez de seguir los tuyos.
Si el lucir abierto es lo que te permite entrar al juego, la conexión es lo que te mantendrá “jugando” con ellos.
La intención de sentir pasión sobre el tema
Pregúntate, ¿qué es lo que sientes profundamente sobre el tema del que vas a hablar? ¿Estás emocionado de hablar ante tus prospectos? ¿Cuál es el resultado que esperas con todo eso? Esto me recuerda una conversación con un compañero Coach un día antes de su seminario, quien me comentó que si al menos lograba perturbar la mente de un asistente, creando posibilidades ante él y que con eso dieran el siguiente paso ¡se sentiría bien servido!
Enfócate no en lo que vas a decir, sino en el para qué estás dando esa presentación y que sentimiento te despierta. El sentimiento es lo que te dará la pasión para poder contestar cualquier pregunta, duda u objeción. Como la pasión indudable del compañero Coach de ayudar e inspirar a ir por más.
Hay personas que dan un muy claro discurso pero opaco en pasión, sin ejemplos, ni historias que refuercen lo que sienten ante lo que dicen.
La intención de escuchar a tu audiencia.
Ahora es momento de que imagines lo que tu audiencia pueda estar sintiendo. ¿Están emocionados por una visión ahora positiva? o ¿preocupados por las bajas ventas? Mira las señales, cómo te responden o te siguen con la mirada. Ellos no estarán hablando contigo pero si te enviarán señales no verbales.
A medida que estás leyendo el lenguaje corporal de tus asistentes podrás modificar el tono de voz, contar una historia, eliminar alguna parte de tu discurso, pero además involucrarlos haciéndoles PREGUNTAS.
Para responder las preguntas debes involucrar tu cuerpo, manteniéndote física y psicológicamente parado de tal forma, que cuando alguien te dice algo muy importante no quieres perderte una sola palabra.
Finalmente, ¿qué recompensa obtendrás al hacer todo esto?
Al escuchar a tu audiencia, prestando atención a su lenguaje corporal y sus palabras, te darás cuenta que ellos no sólo van a recibir lo que les estás dando sino que te querrán dar algo a cambio. Con una presentación inspiradora, ellos te agradecerán, desde la forma de acercarte al final y felicitarte, hasta concretar algunas de las decisiones que pediste que tomaran.
Al responder a tu audiencia con un estado mental combinado con tu deseo de estar abierto, conectado con ellos, sintiendo pasión por lo que dices y fuerte en tu habilidad de escuchar, descubrirás tu autenticidad de orador y las ventas vendrán como consecuencia.
¡A hablar como todo un orador!